Las milanesas ocupan un lugar central en la mesa argentina y, aunque su preparación parece sencilla, lograr que queden bien doradas, crocantes y con el pan rallado firmemente adherido requiere prestar atención a una serie de detalles clave. El secreto no está solo en la carne o en el pan rallado, sino en el paso a paso y en respetar ciertos tiempos y técnicas.
Secar bien la carne antes de empanar. Es fundamental retirar toda la humedad con papel de cocina. Si la carne está húmeda, el huevo no se adhiere correctamente y el pan rallado tiende a despegarse durante la cocción.
Batir y condimentar el huevo. El huevo debe mezclarse hasta quedar homogéneo y sazonarse con sal, pimienta y, de manera opcional, ajo o perejil. Esto mejora el sabor y favorece una adhesión pareja del empanado.
Presionar el pan rallado con la mano. Al empanar, conviene apoyar la carne sobre el pan rallado y presionar suavemente, sin sacudir ni golpear, para lograr una capa uniforme y firme.
Dejar reposar las milanesas en la heladera. Un breve descanso antes de cocinarlas permite que el huevo se asiente y que el pan rallado se fije mejor a la carne.
Usar aceite bien caliente, pero sin humear. La temperatura correcta garantiza un dorado parejo. Si el aceite está frío, la milanesa absorbe grasa; si está demasiado caliente, se quema por fuera antes de cocinarse por dentro.
Más allá del corte de carne o del tipo de pan rallado, la clave está en respetar el proceso y aplicar algunas técnicas básicas que marcan la diferencia. Desde secar correctamente la carne y preparar bien el huevo, hasta presionar el empanado, dejar reposar las milanesas y controlar la temperatura del aceite, cada paso influye en el resultado final. Siguiendo estas recomendaciones, es posible obtener milanesas parejas, sabrosas y con una textura ideal.




